Un lugar singular
Es difícil fechar los laberintos más antiguos, porque casi todos son petroglifos. Los petroglifos son representaciones simbólicas grabadas en piedra que registran hechos o mitos, pueden tener forma de animales, figuras humanas, diseños circulares tallados a la entrada de tumbas... En Galicia es bien conocida la Pedra do Labirinto de Mogor o la de Meis. Los petroglifos son una presencia silenciosa que acrecenta ese aura de misterio que rodea el paisaje gallego. Al igual que los petroglifos, también los laberintos tienen un componente místico. Estos representaban el viaje de la oscuridad a la luz o la sabiduría secreta descubierta tras la superación de una prueba.
Para los celtas, el laberinto significaba el aprendizaje mediante la observación del mundo que nos rodea. Para ellos los diferentes planetas se movían en círculos y, según sus deducciones, la conformación del universo tenía forma de espiral celta.
Algunos historiadores sitúan el laberinto más famoso en Glastonbury (sur de Inglaterra), rodeando la colina de Tor e identificando este como Ávalon, la legendaria isla de la mitología celta. Y si hablamos de mitología celta no podemos dejar de nombrar a Breogán. El Leabhar Gábhala, libro de las Invasiones Irlandesas escrito por monjes irlandeses en el siglo XII, recoge una leyenda que cuenta como el rey celta Breogán funda la ciudad de Brigantia (A Coruña), y construye la Torre de Breogán, posiblemente precursora de la Torre de Hércules.